He estado viajando este año al extranjero por cuestiones de trabajo, y en la ciudad destino no me dejaban salir a correr a la calle cuando ya era de noche. Cuestiones de seguridad decían. Pero si a las seis de la tarde ya es de noche, ¿no será por los vampiros?
La cuestión es que si quería seguir entrenando me tocaba bajar al gimnasio, y la verdad es que con cinco cintas para correr, imaginé que no tendría problemas ¡Qué iluso!
Primera tarde al volver del trabajo . . . ¡cuatro cintas ocupadas! Solo quedaba libre la más pequeña, la que cabe en el baño de casa. Total que me subo a la cinta, y en mi caso, ochenta y … cinco kilos de peso trotando encima del tapete ése con manillar, ¡se movía todo¡ y mis rodillas parecían castañuelas. Entonces giro la cabeza y miro con detalle a las otras cintas, todas con televisor incorporado, y un palmo más altas que la mía. Pues como que uno empieza a ponerse rabioso. Pero si además te fijas en que los ocupantes ¡¡están andando!! pero eso sí, no demasiado rápido, no vaya a ser que sude uno, y se manche la camiseta. ¡Para andar, a darle vueltas al hotel! . . . >:(
Otra cosa curiosa que me pasó, tiene que ver con las cintas estando en el extranjero. Bajé al gimnasio, y como no, me volvió a tocar la cinta temblorosa. Colgué la toalla del “manillar” de la cinta; estiré un poco ya en la cinta, y como ya había precalentado, y soy un “machote”, le doy al botón de “más rápido, más rápido” con idea de ponerlo a 12km/h, mi ritmo de trote tranquilo (¡que chulito, ¿verdad?!), pero al darle tan rápido, cuando se puso la máquina del infierno a 10 km/h, tuve que ponerme a correr como si me persiguiera una manada de lobos hambrientos. En mi vida había esprintado tanto. Toda la máquina vibraba, la gente me miraba, la toalla se cae de la barra de sujeción entre mis piernas y sale disparada hacia la pared de atrás por la velocidad de la cinta. Al final consigo saltar y poner un pie a cada lado de la cinta,… ¡¿que leches había pasado?¿estaba rota la cinta?! No, estaba en millas, y al llegar a mis supuestos 10km/h, realmente era a unos 3.45 mins/km, velocidad lejana en mi espectro de ritmos. Casi me da un ataque.
Para algunos usuarios de gimnasio, correr en cinta es lo mejor. Sin embargo, para mí (aparte de este tipo de experiencias) no ha sido positivo. Probablemente por enfocarlo de un modo que no debería. Cuando he utilizado la cinta ha sido por imposibilidad de hacer mi entrene en exteriores, por lo que sustituía el rodaje del día por un rodaje en cinta, y estoy de acuerdo con un artículo que leí en la Runners, en el que la recomendación era no exceder de 30 minutos en la cinta.
Correr en cinta te lleva a engaño, ya que debido al propio deslizamiento que te “empuja” y a no tener aire que te frene, puedes conseguir ritmos más elevados de los que puedas llevar en exteriores (aunque en mi caso lo hacía en una ciudad a 2800 metros sobre el nivel del mar, que comparado con los 0 a los que estoy acostumbrado, bastante hacía). Sin embargo, el que la cinta “tire” de tus pies hacia atrás cada vez que pisamos, y también a la escasa amortiguación que proporciona, en mi caso hacía aumentar las dosis de antiinflamatorios en rodillas y tobillos post-sesión.
En resumen, para sesiones cortas de calentamiento y demás, vale, pero si puedes salir al exterior, sal. No importa que llueva, haga frío, o haga calor. Aunque piensen que estás loco por salir, serán ellos los que estarán encerrados (Nike dixit)
PD: Aunque ojito con la publicidad que me encontré por esos lares (lo ponían en los monitores del hotel). Cada uno que haga lo que quiera.








de catorce quilómetros. En fin, podéis opinar vosotros mismos. La próxima salida larga la haré con mis pies vaselinizados por completo, porque dudo que esto me lo hayan hecho mis Adistar Ride 2.

